Piden que se investigue la desaparición de Eduardo Garat




Esposa e hijos del abogado y militante desaparecido durante la dictadura, Eduardo Garat, se presentarán este jueves en los Tribunales Federales de Rosario para reclamar que el caso se investigue en el marco de la causa Guerrieri.

“Venimos a solicitar ser tenidos como parte querellante en estos autos y en contra de las personas que resulten responsables en calidad de autores, instigadores, cómplices y/o encubridores de los hechos de los cuales resultara víctima Eduardo Héctor Garat”, señala el escrito que este jueves a las 10.30 ingresará en la Justicia Federal.La denuncia lleva las firmas de la esposa de Eduardo, Elsa Martín, de sus hijos Florencia, Santiago y Julieta Garat, y de la abogada de la agrupación HIJOS Rosario Nadia Schujman, quien patrocinará legalmente a la familia.

Abogado, escribano, docente universitario y defensor de presos políticos, Garat participó en la comisión investigadora de la desaparición de Angel Brandazza, tuvo una intensa militancia en la JP y en la agrupación Montoneros. Fue secuestrado en la madrugada del 13 de abril de 1978, en la esquina de Santa Fe y España.

Aquella madrugada Eduardo había bajado del departamento donde vivía Adriana Altieri junto a Graciela Brebbia, para tomar un taxi en la intersección de las calles Santa Fe y España, ya que acompañarían a Altieri a Buenos Aires y ésta luego viajaría a Europa.

Según pudo reconstruir la familia, Graciela escuchó una frenada desde la otra esquina de calle San Lorenzo, ruido de puertas de autos y ya no vio más a Eduardo. Desde la misma estación de trenes Graciela llamó a Carlos Garat (hermano de Eduardo) para avisarle de su desaparición.

“A través de lo que hemos podido reconstruir en estos años, y la prueba colectada en esta causa, hoy sabemos que Eduardo fue secuestrado por un grupo de tareas del batallón 121 y conducido a un centro clandestino de detención (CCD) en las afueras de Rosario, en el que se escuchaba ruido de aviones y el cual era manejado por militares. En dicho CCD compartió cautiverio con Santiago Mac Guire y Roberto Pistachia”, consigna el escrito judicial.

Según el texto que se presentará a la justicia, Garat “fue salvajemente torturado, hasta fallecer en una de esas interminables sesiones, esto fue corroborado tanto por Mac Guire como por Pistachia”.

“También sabemos que mientras estuvo secuestrado, prácticamente no fue alimentado, que no eran llevados al baño y por tanto sus necesidades fisiológicas debían evacuarlas donde estaban, y por tanto la higiene en dicho lugar no existía”, añade el texto.

“Pese al sin fin de gestiones que realizaron Elsa Martin y Haydée Cabanillas (madre de Eduardo), como habeas corpus, presentaciones, entrevistas con personal militar, eclesiástico y político, nunca se logró conocer su paradero. Al día de hoy Eduardo se encuentra desaparecido, no pudiendo hasta la fecha conocer cuál fue su destino final, es por ello y para que se haga justicia, que promovemos la presente querella”, solicita el escrito.

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"Hace dos días que sé quién soy, o quién no era"

El nieto de Estela de Carlotto aseguró que esperaba que la repercusión de su historia ayudara a que otros jóvenes recuperen su identidad. "Es maravilloso y mágico", dijo sobre lo que está viviendo y señaló que se siente "convulsionado".
› Por Victoria Ginzberg
La primera vez que pudo decir en voz alta que tenía dudas fue en 2010, después de participar en una jornada de Música por la Identidad, el ciclo organizado por Abuelas de Plaza de Mayo con el objetivo, justamente, de acercarse a jóvenes que sospechan que pueden ser hijos de desaparecidos. Por eso, este año, el día de su supuesto cumpleaños, cuando se enteró de que quienes creía que eran sus padres no lo eran, las piezas encajaron. Y no tardó nada en presentarse en Abuelas para hacerse el análisis de ADN que estableció que era hijo de Laura Carlotto y Walmir Oscar Montoya, ambos secuestrados y asesinados durante la última dictadura militar. Su madre le puso Guido. Fue durante 36 años Ignacio Hurban. Hoy, en él, se conjugan los dos. "Hace dos días que sé quién soy o quién no era", dijo. Su abuela Estela de Carlotto, la presidenta de la institución que desde hace 37 años busca a los niños, hoy jóvenes, que fueron apropiados durante la última dictadura militar, lo miraba y sonreía con todo el cuerpo.
"Doy la cara para que el inmenso colectivo de gente que está feliz pueda verlo", explicó, porque entendía que su restitución era "un símbolo", "una pequeña victoria en esta gran derrota que nos hemos dejado hacer".
-¿Cómo te sentís? -fue la primera pregunta. Desde allí todos lo tutearon. Fue sincero, trató de escapar de los lugares comunes y explicar lo que le pasaba a sólo 48 horas de saber que su madre lo parió mientras estaba secuestrada. Explicó que no daba grandes definiciones, que ésta era la foto de hoy, dentro de un proceso que llevará tiempo.
-No te sabría decir. Tal vez en unos meses lo tenga más claro... Hay alegría. Sabía que si tenía una respuesta positiva traía alegría a mucha gente. Veo la alegría en sus ojos y disfruto la felicidad de los demás. Hay sensación de un trabajo cumplido.
El inicio
La sede de Abuelas de Plaza de Mayo desbordaba de micrófonos y cámaras de televisión. Los trece primos Carlotto y las dos primas Montoya se habían ido acomodando en la sala. Los dos pequeños bisnietos de la presidenta de Abuelas estaban a upa de sus madres y uno de ellos amagaba con desenchufar el cable que podía cortar el audio de la sala. Poco después, entraron Claudia, Remo y Kibo, los tíos, y la presidenta de Abuelas, Estela de Carlotto, junto a su nieto. Los periodistas gritaban, se peleaban. Estela pidió, amablemente, orden, como maestra que es, en todos los aspectos. Y lo presentó: "Mi nieto, nuestro, el nieto de todos", dijo. "Que era conocido como Guido Carlotto y hoy también es Montoya."
El estaba con una campera de cuero negra, sus rulos entrecanos y su nariz aguileña, al parecer heredada de su padre. Y con su compañera, Celeste, un pilar en el que se apoyó para sobrellevar este trastrocamiento (o acomodamiento) del mundo, y que no paró de sonreír al borde de las lágrimas durante toda la conferencia de prensa.
Parecía sereno. Hasta demasiado. Aunque dijo que no lo estaba tanto. "Estoy un poco convulsionado, hace muy poco que pasó esto. Es maravilloso y mágico y quisiera que esto que me pasa a mí sirva para potenciar la búsqueda. Que todos entendamos la importancia de cerrar estas heridas. Tengo la suerte de ser parte de este pequeño proceso de cicatrización." Demostró que comparte con su abuela la voz clara y tranquila, la posibilidad de explicar en forma didáctica, sin contrariar ni enojarse, pero a la vez con la firmeza de quien tiene claro lo que quiere decir. Y lo que no.
-¿Cómo te sentís más cómodo, con Ignacio o Guido? -le preguntaron.
-Me siento más cómodo en la verdad.
Era el hijo de Laura Carlotto y Walmir Oscar Montoya, que nació en el Hospital Militar Central o en el Penal de Olmos. El bebé que Laura pudo sostener sólo cinco horas antes de que se lo sacaran con la falsa promesa de entregarlo a su familia. También era Ignacio, el joven que creció en Olavarría con los Hurban y se hizo músico desafiando el supuesto mandato familiar (aunque en realidad casi que lo estaba cumpliendo).
Respecto de su nombre, explicó que se identifica con el Ignacio que lleva desde hace 36 años, pero que entiende a su familia, que lo nombró Guido durante el mismo tiempo. "Para ellos soy Guido. Y esencialmente estoy feliz y agradecido. Agradecido por la lucha de mi abuela." El "mi" generó más sonrisas. Sus tíos, parados detrás, le tocaban la espalda y le apoyaban la mano en su hombro.
Reencuentros
-¿Cómo fue el encuentro con tu abuela y tu familia?
-El reencuentro fue maravilloso. Cuando hay amor siempre es maravilloso. Para mí es diferente que para ellos. Hace dos días que sé quién soy, o quién verdaderamente soy o quién no soy.
Luego contaría cómo fue el momento en que recibió el llamado de su tía Claudia Carlotto, titular de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi), para contarle el resultado de su análisis genético. Aunque el protocolo seguido por las Abuelas y la Conadi establece que ese tipo de información se da personalmente, en este caso los datos se filtraron a través del juzgado, lo que hizo que hubiera que comunicarse de urgencia con él para que no se enterara por los medios de que su estudio de ADN indicaba que era el nieto de Estela de Carlotto. "Estaba tocando el piano, mate, bizcochos, amenazaba ser un día normal, hasta que me llama Claudia emocionada", narró. Luego impostó la voz e hizo como un llanto agudo, que iba subiendo de tono, para cargar a su tía. "Me dice: ‘El resultado es positivo, sos Carlotto, el nieto de Estela y sos mi sobrino’. No se entendía mucho. Digo, bueno, bueno. Cuelgo, llamo a Celeste, a unos amigos y a partir de ahí estoy arriba de un auto, porque todos ustedes me estaban buscando."
Le preguntaron cómo tomaba el hecho de encontrarse con una familia tan numerosa, ya que tiene trece primos por el lado Carlotto, más dos por el de los Montoya. "Sí, son un montón", dijo, y levantó las cejas. "Es una familia hermosa, divina, pero yo me crié solo en el campo, el tema del abrazo lo tengo que desarrollar." "No es muy agarrero, yo tampoco", compartió Estela, en una de las pocas frases que dijo durante la conferencia de prensa. Pero los fotógrafos querían la imagen. Y comenzaron a arengar: "Abrazo, abrazo". Así que ellos les dieron el gusto y compartieron con todos el gesto cariñoso que habían reservado para la intimidad.
Sobre su decisión de acercarse a las Abuelas para saber si era uno de los jóvenes que fueron apropiados siendo bebés durante la última dictadura dijo que tenía "algunos ruidos en la cabeza, algunas maripositas fuera del campo de visión" y que "hay cosas que no sabés que las sabés hasta que llega un indicio fuerte y arranca la búsqueda, en mi caso fue muy rápido".
El indicio fuerte fue la confirmación de que no era hijo biológico de las personas que lo criaron, dato que le contaron a principios de junio, el día que festejaba su cumpleaños. Y lo que posibilitó que esa información le llegara fue la muerte de Francisco "Pancho" Aguilar. Ese hombre habría sido quien lo entregó a los Hurban, quienes trabajaban en un campo de su propiedad. "Tuve una infancia feliz. Y ahora también tengo una vida feliz. Y a esto se suma esta familia", dijo. También dio a entender que no estaba dispuesto a hablar de la causa judicial en la que se investiga su apropiación.
Guido/Ignacio buscó escapar de las definiciones del determinismo genético, pero sí señaló que al saber su verdadera identidad le cerraba con algunas cosas que antes no podía explicar: "Me preguntaban de dónde viene tu pasión por la música. No sabía. Mi ambiente me destinaba a otra cosa". Pero su padre, Walmir Oscar Montoya, era músico: tocaba la batería en una banda de Cañadón Seco, en Santa Cruz. Kibo Carlotto, su tío, es secretario de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires, pero también toca la guitarra. "Ellos (Laura y Walmir) deben estar en algún lado, ser artista también es una actividad política", señaló luego, cuando habló de la militancia de sus padres.
"Estoy en el lugar del que tal vez nunca debería haberme ido", afirmó. También, que las "vueltas" que dio lo ayudaron a crecer. "Aunque hice esperar a Estela unos añitos", agregó.
El nieto de la presidenta de Abuelas insistió mucho en que esperaba que la enorme repercusión que tuvo su caso ayudara a encontrar a alguno de los 400 nietos que aún faltan. "A los que dudan, les digo que vengan a Abuelas, que es extremadamente cariñosa la gente que atiende. Lo difícil es la incertidumbre, pero hay que hacerlo, no sólo para recuperar la identidad de cada uno, sino también para construir la identidad colectiva. Las Abuelas, a través del amor, buscan a sus nietos. Es una actitud loable. Hablar de las Abuelas es hablar de un acto de amor frente a la vida." Luego, contó que su mayor miedo era no poder saber nunca quiénes habían sido sus padres.
-¿Cuál va a ser tu rol dentro de la institución? -fue otra de las preguntas, aunque sólo hacía 48 horas que había recuperado su identidad.
-Trabajo no me ofrecieron -contestó con una sonrisa.
También habló de la reunión del jueves por la noche con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en Olivos -anticipado ayer por Página/12- de la que participaron todos los Carlotto: "El encuentro fue maravilloso. Yo la veía en televisión... y estaba charlando con ella y hasta creía a veces que ella charlaba conmigo. Yo sabía que estaba comprometida con esta causa. Le agradezco no sólo por el gesto mínimo de recibirnos, sino por la voluntad para lograr que esto suceda. Hay que apoyar esta búsqueda desde lugares políticos y ella ha tenido la voluntad".
Casi al final, contó que aquello de que pudo verbalizar sus dudas luego de participar en una jornada de Música por la Identidad y que tenía alguna sospecha de que podía ser Carlotto. Que su mujer comparaba las fotos con el Photoshop y que bromeaban con que si era hijo de desaparecidos, "tenía que ser de Estela o de nadie". "Cuidado con lo que deseas porque se puede cumplir", completó el chiste. Pero la abuela, en pleno uso de las facultades que su nuevo rol le otorga, no se lo dejó pasar.
-¿Pero para bien o para mal? -preguntó.
-Para bien, para bien -se apuró él en contestar.

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La familia Germano quiere informar que los restos de Eduardo Raúl Germano, detenido desaparecido en  Rosario el 17 de diciembre de 1976 , fueron identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).

Los restos de Eduardo fueron localizados en una de las 123  tumbas exhumadas por el EAAF en 2011 en el cementerio de La Piedad de Rosario, donde se hacían enterramientos de asesinados en  falsos enfrentamientos fraguados por los agentes de la dictadura.

Después de 38 años de lucha por la verdad esta se hace presente de forma incontestable.

Hemos pasado por muchas situaciones a lo largo de estos años, pero siempre tuvimos claro que no queríamos venganza, que buscábamos verdad y justicia, y el camino era la memoria y la lucha.

Nuestro padre Felipe falleció en 2002. Nuestro hermano Guillermo en 2009 y nuestra madre, Carmen en 2012. Los tres lucharon hasta el final de sus días por saber la verdad y exigir justicia por Eduardo y por todos los desaparecidos. No podrán ver el acto de entrega, pero sus restos descansarán por fin juntos. Por fin nuestro hermano vuelve a casa.

Queremos agradecer a todos los organismos de DDHH, instituciones, a los amigos y familiares nuestros y de otras víctimas, y a la sociedad que nos acompañó a lo largo de estas décadas.

Queremos dar las gracias a todos aquellos que estuvieron desde el principio, a los que se sumaron después y también, a aquellas personas que se sumen de aquí en adelante en esta lucha que continúa.

Queremos agradecer a AFADER, a HIJOS Regional Paraná, al Registro Único de la Verdad y la Subsecretaría de DDHH de Entre Ríos,  a la abogada Nadia Shujman y el equipo jurídico de HIJOS Rosario, al equipo del EAAF dirigido por Miguel Nieva,  a jueces  y fiscales, a la sociedad argentina que respalda las políticas de Estado en materia de Derechos Humanos, que han reforzado y consolidado la lucha de los familiares y los organismos de DDHH de tantos años.

Queremos también instar a los familiares que aún no se han hecho las muestras de ADN a que lo hagan,  porque es posible saber la verdad gracias al trabajo de mucha gente capaz y comprometida que lleva adelante la búsqueda e identificación de nuestros desaparecidos.

Finalmente queremos informar que solicitaremos al juzgado que lleva la causa la entrega de los restos de nuestro hermano para el día 17 de diciembre, cuando se cumplirán 38 años desde que fuera arrebatado de nuestras vidas. Ese mismo día serán trasladados a Paraná donde serán enterrados el 18 de diciembre,  junto a Felipe, Carmen y Guillermo, 38 años después de que el Terrorismo de Estado frustrara el  encuentro con sus padres que habian acordado para ese dia de 1976 en Rosario.

Eduardo
 
Eduardo Raúl Germano nació el 20 de febrero de 1958 en Villaguay (Entre Ríos).

Con dieciséis años fue elegido presidente del Centro de Estudiantes del Colegio La Salle de Paraná (Entre Ríos) y comenzó a militar en Montoneros.

En julio de 1976 fue detenido/desaparecido durante nueve días en el centro clandestino de detención del Escuadrón de Comunicaciones del Ejército en la Ciudad de Paraná. Una vez en libertad se traslada a la ciudad de Rosario, donde vive clandestinamente.

Eduardo, el Mencho,  de 18 años de edad, fue detenido y desaparecido en Rosario, el día 17 de diciembre de 1976, un día antes de un encuentro previsto con nuestros padres.

Esa noche  Carmen soñó que a su hijo lo empujaban por unas escaleras. Años después sabríamos que fue torturado en el centro clandestino de detención, tortura y extermino que funcionaba en los sótanos de la Jefatura de Policía de Rosario conocido como El Pozo, en instalaciones del Servicio de Informaciones de la Unidad Regional II.

En los primeros días de 1977 recibimos una carta anónima, enviada posiblemente por un compañero de militancia, que  decía: “lamentamos comunicarle que su hijo Eduardo Daniel (sic) Germano fue detenido el día 17 y posiblemente asesinado el día 26”.

Sobre esta base nuestro hermano Guillermo viajó a Rosario en 1982, con 18 años e investigando en las hemerotecas dio con un comunicado publicado en el diario La Capital, el 28/12/76,  que daba cuenta de un “atentado frustrado”: “Personal dependiente de la Jefatura 211 –decía el ejercito a través de La Capital– que realizaba un patrullaje en la zona de Fisherton, observó a una pareja que portaba un bulto de regulares dimensiones y en actitud sospechosa se mantenían próximo a la estación transformadora de energía eléctrica instalada en la intersección de y Boulevard Argentino y Columbres”... “intentaron fugarse cubriéndose con disparos de fuego siendo abatidos y produciéndose la detonación de una carga explosiva que transportaban”.
Se trataba de una “opereta” como los represores le llamaban y que consistía en fraguar un enfrentamiento para blanquear y asesinar a los que no podían recuperar de la tortura. Eduardo fue asesinado junto con María Cristina Cayetana Pagnanelli. Sus cuerpos fueron volados con explosivos junto a la estación transformadora de energía en el barrio de Fisherton. El operativo estuvo dirigido por el propio Agustín Feced, jefe del Servicio de Informaciones de la Unidad Regional II.

A través de un estudio realizado por un equipo del Museo de la Memoria de Rosario dirgido por Marcela Valdata , que incluía el entrecruzamiento de datos del Archivo General de la Provincia de Santa Fe sobre el hallazgo de cadáveres , se pudo determinar  que muy probablemente, el cuerpo de Eduardo fuera llevado por personal policial de un destacamento cercano a  Fisherton al Cementerio de La Piedad el día 5 de enero de 1977 y enterrado en una tumba como NN.

La solicitud de exhumación de esa tumba fue incorporada a la causa sobre las exhumaciones por nuestra abogada para que se incluyera en las excavaciones realizadas a finales de 2011 por el EAAF.

La causa sobre los enterramientos de personas asesinadas por la dictadura en el Cementerio de La Piedad se inició en 1984 y estuvo paralizada por las leyes de impunidad (Obediencia Debida y Punto Final) hasta su derogación durante la presidencia de Néstor Kirchner.

Carmen y Guillermo se presentaron como querellantes en la causa Feced en 2004.

Gustavo Germano y Familia

Diego Germano y Familia

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“Ya no hay excusas para cancelarle la matrícula a Ámelong”

La Sala III de la Cámara Federal de Casación Penal, rechazó un recurso presentado por los cinco condenados a prisión perpetua de la causa Guerrieri I, el primero de los juicios a represores de la dictadura realizado en Rosario."Celebramos las primeras cinco condenas firmes de la ciudad de Rosario en crímenes de Lesa Humanidad", plantearon desde la agrupación HIJOS.
“Técnicamente el fallo quedó firme”, indicó el abogado de HIJOS Rosario, Álvaro Baella, quien explicó que ahora “el debate sobre la matrícula de Ámelong devino abstracto”. 
"Queremos destacar la discusión que vino dando el Colegio de Abogados de Rosario en relación a este tema. Mientras esta institución continúa dando el debate, ahora ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN), se da a conocer este fallo que resulta inapelable para quienes se opusieron a la cancelación de la matrícula de Ámelong", añadió Baella.

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Este 24

24 de marzo en Rosario: Conferencia de prensa del espacio Juicio y Castigo


Madres de la plaza 25 de Mayo, Familiares de desaparecidos, APDH, HIJOS, Colectivo de ex presos políticos, entre otras organizaciones sociales y gremiales que integran el espacio Juicio y Castigo Rosario, convocan este viernes a una conferencia de prensa en los tribunales federales (Oroño 940), para brindar detalles del acto y movilización por el 38 aniversario del golpe cívico-militar perpetrado el 24 de marzo de 1976.
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Todos al Monumento

Este viernes arranca el juicio Feced II

El represor Chuly Rodríguez no tiene nada que ver con San Martín

Víctor "Chuly" Rodríguez: Un represor libre camino a Chile

Ante la confirmación de que el represor de la dictadura Víctor Hugo “Chuly” Rodríguez viajó a Mendoza para encabezar el "Cruce de los Andes", tal cual lo había solicitado al juez Villafuerte Ruzo, la agrupación HIJOS volvió a repudiar la decisión del magistrado de autorizar la salida del imputado de graves delitos de lesa humanidad. “Además de existir un real peligro de fuga, lo de Villafuerte Ruzo es una ofensa a los familiares de las víctimas de Chuly Rodríguez”, plantearon desde la organización.
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¡Villafuerte Ruzo, no facilite la fuga de Chuly Rodríguez!


La Mesa de la Memoria por la Justicia de San Nicolás y la agrupación H.I.J.O.S. Rosario, repudiamos la autorización otorgada por el juez federal Dr. Carlos Villafuerte Ruzo, para que el represor de la dictadura, Víctor Hugo Rodríguez vacacione en la ciudad de Uspallata, Mendoza.
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Juicio Guerrieri II: Los doce represores fueron condenados



El Tribunal Oral Federal 1 (TOF) de Rosario condenó a prisión perpetua al represor Marino Héctor González e impuso penas que van entre 5 años y 25 años a todos los imputados en el juicio oral por delitos de lesa humanidad, cometidos durante la última dictadura cívico militar en la denominada causa Guerrieri II.

En una jornada marcada por el calor, y la incertidumbre con respecto al veredicto que leería el Tribunal, los sobrevivientes de la dictadura, testigos, querellantes, familiares de desaparecidos, y organismos de derechos humanos, acompañados por organizaciones sociales de diferentes extracciones políticas, fueron copando la vereda del palacete ubicado en Oroño 940, donde se encuentran los juzgados federales de la ciudad, tratando de esquivar los rayos de un sol radiante bajo la sombra de los plátanos típicos del coqueto bulevar.

Desde el espacio Juicio y Castigo, se había convocado desde las 10 de la mañana a “hacer el aguante”, con muy poca anticipación si se compara este final de juicio con los otros cuatro en los que fueron condenados represores de la última dictadura.
La agrupación HIJOS Rosario hizo escuchar su bronca este jueves a última hora, cuando extraoficialmente se enteraron que el tribunal, contra lo que había dado a entender un rato antes –habían señalado que la sentencia sería el 23 o 27 de diciembre– tenía previsto leer el veredicto este viernes a las 14, luego de las palabras finales de los doce acusados.
“No podemos dejar de manifestar nuestro enojo por la falta de anticipación con la que nos enteramos de la fecha de lectura del veredicto”, señaló la agrupación HIJOS Rosario desde su perfil de Facebook, hecho sobre el que remarcaron que incluyó “reiterados pedidos al tribunal de que nos lo comunique”.
En la puerta del tribunal, Natacha Rivas, una de las integrantes de la agrupación, se quejó de “la falta de respeto de los jueces” que “no dieron tiempo de que podamos avisar a nuestros compañeros querellantes que viven fuera de Rosario, para que puedan venir a escuchar la sentencia contra los asesinos de sus viejos”, remarcó Rivas.
Tras las “últimas palabras” de tres de los imputados, cuando promediaban las 14, el tribunal, integrado por los jueces Roberto Lopez Arango, Lilia Carnero y Noemí Berros, lleyó la sentencia en la que se condenó a prisión perpetua al militar retirado Marino González, en tanto impuso 25 años de prisión para los Personales Civiles de Inteligencia (PCI) Ariel Zenón Porra y Juan Andrés Cabrera.
Las condenas se completaron con la imposición de 20 años de prisión para Carlos Sfulcini; 18 años para Alberto Enrique Pelliza; 16 años para Ariel López; 10 años para Pascual Guerrieri, Jorge Alberto Fariña y Juan Daniel Amelong; 8 años para Joaquín Gurrera y 5 años para Walter Pagano y Eduardo Constanzo.
Afuera de la pequeña sala de audiencias, cientos de personas siguieron la lectura del veredicto a través de pantallas y un equipo de sonido con concentración extrema. Hubo unos primeros aplausos cuando la condenas fueron a perpetua, 25 y 20 años, pero también se sintió la reprobación cuando se leyeron las penas menores.
Tras la lectura estallaron adentro y afuera de la audiencia los cánticos de los presentes y el presidente del tribunal hizo desalojar la sala.
Sobre la vereda, un improvisado locutor de la agrupación HIJOS, hizo un primer balance de sentencia. “Todos fueron encontrados culpables, las verdades que contaron los testigos, los testimonios de los sobrevivientes fueron convalidados, los hechos fueron probados, pero es cierto que con nuestros abogados querellantes y la fiscalía habíamos pedido penas mucho más importante y ahí debemos marcar la diferencia con los resuelto por el tribunal, que hizo una valoración de la pena que no estuvo a la altura de nuestro pedido”, se escuchó por los altoparlantes.
Consultado por Redacción Rosario, el abogado de HIJOS Rosario y la Secretaría de Derechos Humanos, Santiago Bereciartúa, remarcó la “importancia de que se haya encontrado culpable a los doce acusados”, aunque reconoció que “se habían solicitado otras penas mucho más duras”. “Podremos discutir hacia adelante este monto de las penas resueltas por el tribunal”, adelantó el letrado, que aclaró que primero “habrá que leer los fundamentos de la sentencia”, que se difundirán el 24 de febrero próximo.
En el proceso se investigaron los delitos de privación ilegal de la libertad, amenazas, tormentos, homicidio y asociación ilícita. Durante el juicio oral y público, que comenzó en agosto, se ventilaron los casos de una treintena de víctimas del terrorismo de Estado que pasaron por el circuito represivo del Batallón de Inteligencia 121 de Rosario, que tuvo a su cargo cinco centros clandestinos de detenciones durante la represión ilegal.
En la causa se ventilaron los casos de 27 víctimas del terrorismo de Estado, entre ellos 17 homicidios, y se investigaron cinco centros clandestinos de detenciones que funcionaron bajo la órbita del Batallón 121 de Inteligencia.
En sus respectivos alegatos, tanto la fiscalía como lo abogados querellantes habían solicitado penas de prisión perpetua para siete represores y 20 años de prisión por el delito de asociación ilícita contra otros cinco acusados, los que ya fueron condenados en el juicio Guerrieri I.
La Fiscalía había reclamado la pena de prisión perpetua e inhabilitación absoluta y perpetua para Héctor Marino González, Juan Andrés Cabrera, Alberto Pelliza, Ariel Porra, Ariel López y Joaquín Gurrera, por los delitos de privaciones ilegales de la libertad y tormentos a 23 víctimas, como así también por homicidios calificados de 16 personas que continúan desaparecidas. Lo mismo reclamó la fiscalía para Carlos Sfulcini, por el homicidio calificado del militante comunista Fernando Tito Messiez, desaparecido desde el 22 de agosto de 1977.
Por otro lado se habían solicitado 20 años de prisión por asociación ilícita agravada para Oscar Guerrieri, Jorge Fariña, Juan Daniel Amelong, Walter Pagano y Eduardo Costanzo, todos condenados a prisión perpetua en el primero de los juicios a represores realizado en Rosario, y con sentencia ratificada por la Cámara de Casación.

Fuente: Redacción Rosario.

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"Los gobiernos sólo realizan lo que los pueblos piden con autoridad y firmeza" Scalabrini Ortiz